MI SIMPATÍA POR EL DIABLO

Domingo 13 de marzo de 2016, son las once de la noche y me doy cuenta que estoy a tan solo unas horas de estar frente a mí banda favorita de toda la historia, de pronto se me escapa el sueño y la emoción me provoca un insomnio del que tan solo recuerdo haber visto por última vez el despertador unos minutos antes de las tres de mañana.

Es lunes ya, desde luego ignoré el despertador unas cuantas veces, estoy retrasado para ir a la oficina a trabajar (si, también tengo un alter ego ‘Godínez’) pero en mi mente tan solo está mi cita con los Rolling Stones, los minutos se me hacen muchos. Por fin son las 15:00 y tomo carretera con dirección a la ‘nueva’ Ciudad de México, el camino es benevolente conmigo y al ver que aún me quedan unas horas libres, decido hacer una visita a mi madre y comer con ella, después de todo nunca habrá suficiente buen pretexto para verla. Veo el reloj , pasan de las seis de la tarde, y recuerdo que no estoy en la ciudad provinciana en la que radicó, mi memoria me traicionó y el tráfico es una tortura, cada minuto que va se consumiendo me hace pensar que no estaré ahí para ver salir a sus Satanicas Majestades.

  
Las 20:30 de la noche y recién me estoy estacionando en una calle aledaña al foro que me obliga a caminar no sé cuánto pero me parece eterno, conforme me acerco me doy cuenta que aún no ha empezado el concierto, pero vaya que he caminado, son las 20:58 y una señorita muy amable me ha acompañado hasta mi asiento, de pronto las luces se apagan, en las pantallas se proyecta un collage de imágenes y en los altavoces del recinto se escucha: “¡Ladies and gentlemans, The Rolling Stones!”, el foro entero ruge mientras se escuchan las primeras notas de Start Me Up, la energía me recorre el cuerpo y todo se vuelve una experiencia surreal. No pude contenerme y en tres ocasiones mis ojos se llenaron de emoción, estaba conmovido por ver a la banda más grande de todos los tiempos.

Quisiera ser un poco más explícito en lo grandioso que fue el concierto, pero tan solo sería una serie de buenos calificativos en grado superlativo que te harían pensar que estoy exagerando, y probablemente así sea, pero no encuentro más palabras para expresarlo.

Un poco más tarde de las once de la noche y dieciocho rolas después, sus Satanicas Majestades se despedían de su público mexicano tras haberse reencontrado después de diez años, quiero pensar que no será la última, pero en palabras del propio Mick Jagger “que chido” fue estar ahí.

Keeponrockin’✌🏼️